La historia de Humberto Leal García es uno de los casos más polémicos en la historia de la justicia estadounidense por la forma en que su ejecución violó tratados internacionales. Originario de Monterrey, Nuevo León, Leal emigró a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, pero su vida terminó en 2011 con una inyección letal, mientras gritaba “¡Viva México!”.
Su caso atrajo la atención mundial, ya que fue uno de los 51 mexicanos condenados a muerte en EU sin haber sido informados de su derecho a recibir asistencia consular, algo que viola el Convenio de Viena. Incluso, su ejecución fue considerada una segunda infracción de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el caso ‘Avena’, donde México denunció este tipo de omisiones.
El crimen que lo condenó a muerte
En mayo de 1994, Leal asistió a una fiesta en San Antonio, Texas, donde también se encontraba Adria Sauceda, de 16 años. Testigos dijeron que la joven estaba intoxicada y fue víctima de abuso. Leal se ofreció a llevarla a casa, pero nunca llegó. Su cuerpo fue hallado con signos de brutal violencia: golpes, agresión sexual con objetos y marcas de mordidas.
Pruebas clave lo incriminaron: sangre y cabellos de la víctima en su ropa, y rastros de fluidos en su auto. Pese a cambiar su versión varias veces, terminó confesando ante la presión de la policía y los testimonios de su propio hermano.
Debate legal que llegó hasta Barack Obama
Leal fue sentenciado a muerte en 1995. Su defensa argumentó que no haber sido notificado de su derecho consular le impidió una defensa adecuada. Aunque la Corte Suprema reconoció en 2008 que EU debía cumplir con la CIJ, aclaró que solo el Congreso podía legislarlo. Dicha ley nunca se aprobó.
En 2011, previo a su ejecución, Barack Obama, el gobierno de México y organizaciones internacionales pidieron suspenderla. Alegaban que su muerte sin revisar el caso afectaba los compromisos internacionales de EU y ponía en riesgo a estadounidenses en el extranjero. La Corte Suprema, en una votación cerrada de 5-4, rechazó la petición y Leal fue ejecutado.
Sus últimas palabras: “Lo siento… Viva México”.