Super Bowl: entretenimiento y critica política

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El Super Bowl ya no es solo futbol y espectáculo. La polémica por Bad Bunny y las críticas de Trump reavivan el debate: ¿sigue siendo entretenimiento o se convirtió en un campo de batalla cultural y político?

El evento deportivo más visto de Estados Unidos enfrenta una nueva polémica tras las críticas de Donald Trump y la elección de Bad Bunny para el show de medio tiempo.

Durante décadas, el Super Bowl fue presentado como un espacio neutral: futbol americano, entretenimiento familiar y un espectáculo musical diseñado para unir a millones de espectadores. Sin embargo, en los últimos años, el evento deportivo más visto de Estados Unidos ha dejado de ser solo un juego para convertirse en un reflejo de las tensiones culturales, sociales y políticas del país.

La controversia en torno al Super Bowl LX, con Bad Bunny como figura central del espectáculo de medio tiempo, y las críticas públicas del presidente Donald Trump, han reavivado una pregunta clave: ¿el Super Bowl sigue siendo solo entretenimiento o se ha transformado en un statement político inevitable?

Con audiencias que superan los 100 millones de espectadores, el Super Bowl se ha consolidado como una plataforma cultural global. Expertos coinciden en que cualquier decisión artística en este escenario adquiere una lectura política, incluso cuando no existe una intención partidista directa. La NFL ha reiterado que busca mantener el evento al margen de la política, pero la elección de artistas vinculados a temas como identidad, inmigración, desigualdad y representación social ha colocado al medio tiempo en el centro del debate.

Trump, en su segundo mandato, criticó públicamente a Bad Bunny y cuestionó la decisión de la NFL. En entrevistas con medios estadounidenses, afirmó que no asistirá al Super Bowl 2026 y calificó la elección de artistas como “terrible”, acusándolos de “sembrar el odio”. Estas declaraciones elevan el peso político del debate y convierten cualquier decisión artística en un acto susceptible de interpretación política.

Antecedentes como las presentaciones de Beyoncé en 2016, Shakira y Jennifer Lopez en 2020, y Kendrick Lamar en 2025, muestran que el Super Bowl se ha convertido en un termómetro cultural. Más que un mitin político, el evento refleja una sociedad profundamente polarizada, donde cultura y política están cada vez más entrelazadas.

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