Mientras Bad Bunny encabezaba el show de medio tiempo del Super Bowl LX ante una audiencia estimada de hasta 130 millones de personas, un evento alterno organizado por el grupo conservador Turning Point USA (TPUSA) buscó robar reflectores con su llamado “All-American Halftime Show”. La presentación se realizó en un lugar no revelado y reunió a menos de 200 asistentes, pero fue transmitida por plataformas como YouTube, Rumble y DailyWire+.
El concierto fue concebido como una respuesta ideológica al espectáculo del artista puertorriqueño, crítico de las políticas migratorias de Estados Unidos. El cartel incluyó a figuras del country cercanas al movimiento MAGA, como Brantley Gilbert, Gabby Barrett, Lee Brice y Kid Rock, quien fue el acto principal. Pese al tono político que rodeó al evento, el contenido fue más simbólico que discursivo.
De acuerdo con los organizadores, la transmisión en YouTube superó los 5 millones de espectadores en vivo y acumuló más de 16 millones de reproducciones posteriores. Aun así, las cifras quedaron muy por debajo del impacto global del Super Bowl. TPUSA informó que no pudo transmitir el evento en la red X por problemas de licencias.
El expresidente Donald Trump no comentó directamente sobre el show conservador, pero sí lanzó duras críticas contra la actuación de Bad Bunny, a la que calificó como “una de las peores de la historia”. Sus declaraciones generaron respuesta del Partido Demócrata y reavivaron la polarización política en torno al evento deportivo más visto del año.
Durante la transmisión del TPUSA, se difundieron mensajes de apoyo de figuras del actual gobierno y llamados a unirse a capítulos estudiantiles del grupo. El concierto cerró como un homenaje a Charlie Kirk, fundador de Turning Point USA, fallecido en 2025.
El contraste entre ambos espectáculos dejó en evidencia cómo el Super Bowl sigue siendo un escenario clave para la disputa cultural y política en Estados Unidos.