En un giro histórico a su política exterior, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció este miércoles que permitirá la venta de petróleo y gas a Cuba. No obstante, el gobierno estadounidense impuso condiciones rigurosas: el combustible solo podrá ser adquirido y utilizado por ciudadanos y empresas del sector privado en la isla.
Esta decisión ocurre en un contexto de máxima tensión regional tras el arresto de Nicolás Maduro en una operación militar, lo que derivó en sanciones severas para cualquier país que exportara crudo al régimen castrista. Ante el riesgo de un colapso energético total, La Habana aceptó negociar y, por primera vez en casi 70 años, autorizó la importación de hidrocarburos a través de particulares.
Para que las transacciones sean legales, las empresas exportadoras deberán garantizar que el combustible se destine exclusivamente a actividades económicas privadas o a cubrir necesidades humanitarias. La medida busca asfixiar financieramente al gobierno cubano mientras se ofrece un respiro a la población civil, que enfrenta una de las peores crisis de su historia.
El Departamento del Tesoro aclaró que, aunque el petróleo pueda tener origen venezolano, los cargamentos deberán salir directamente desde puertos en Estados Unidos para ser fiscalizados. Esta apertura comercial representa un cambio drástico en el embargo económico y una nueva etapa en las relaciones entre Washington y el Caribe.