En el marco del 8M, en el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), abordamos un análisis en torno a la pobreza de tiempo no solo como una dimensión estructural de la desigualdad de género en México. El boletín Pobreza de tiempo y gasto público. El valor del tiempo de las mujeres en México muestra algunos hallazgos relevantes que cobran importancia en la discusión actual.
El trabajo no remunerado equivalió a 23.9 % del PIB en 2024; de este, el 70.9 % del valor lo aportan las mujeres (5.7 billones), frente al 29.1 % de los hombres (2.3 billones). Es de destacar que, cada mujer que realizó estas actividades contribuyó con un equivalente de 99 mil 539.7 pesos anuales, mientras que los hombres aportaron menos de la mitad, 47 mil 515.1 pesos al año.
En este tenor, la incidencia de pobreza entre mujeres es mayor cuando dedican cuatro horas o más diarias a cuidados o quehaceres; mientras que, entre hombres, la pobreza cambia poco por horas dedicadas. De modo que el tiempo se distribuye de manera desigual.
El presupuesto 2026 ha logrado un avance institucional con la creación del Anexo Transversal 31 que visibiliza el gasto público en materia de cuidados. Los recursos siguen concentrados en transferencias monetarias (pensiones y becas), las cuales alivian la falta de ingresos, pero no satisfacen la necesidad de escuelas de tiempo completo, guarderías de calidad o servicios de salud que liberen la carga física y mental que hoy recae en los hogares.
Además, se identifica que el 98.5 % de los recursos del Anexo se orientan a población que recibe cuidados y que solo el 1.5 % se dirige explícitamente a quienes los proveen. Asimismo, la estructura presupuestaria no cuenta con algún programa especial para reducir la pobreza de tiempo para mujeres de 25 a 49 años, quienes experimentan la mayor carga de trabajo no remunerado. Esta sobrecarga alcanza su punto máximo entre los 30 y 34 años, con una brecha de 30.2 horas semanales adicionales de trabajo no remunerado frente a los hombres.
Las evidencias sugieren que se requiere integrar la pobreza de tiempo en la planeación presupuestaria, así como una reorientación del gasto hacia infraestructura social de cuidados con metas medibles de reducción de tiempo; que priorice a las mujeres que concentran la mayor carga de cuidados y brinde apoyos y servicios donde las brechas son más altas. Se requiere también fortalecer la corresponsabilidad, licencias parentales, horarios laborales compatibles, incentivar la participación masculina en cuidados y medidas de conciliación; así como, consolidar capacidades estatales para regular, supervisar y profesionalizar servicios de cuidado.