La prohibición del uso de teléfonos celulares en escuelas se está expandiendo a nivel mundial, en medio de preocupaciones por distracciones en clase, salud mental y riesgos asociados a redes sociales, según un análisis de la UNESCO.
Desde finales de 2025, varios países han adoptado restricciones nacionales, entre ellos Bolivia, Costa Rica, Croacia, Georgia, Maldivas y Malta.
En Francia, uno de los primeros países en restringir los celulares, el Parlamento analiza endurecer las reglas para el uso de smartphones dentro de los centros educativos.
Las propuestas incluyen:
- Prohibición durante toda la jornada escolar
- Uso solo con fines educativos
- Permisos especiales para estudiantes con necesidades médicas
- Celulares apagados y guardados
Otros gobiernos no han aplicado prohibiciones totales, pero sí obligan a las escuelas a crear sus propias políticas.
Entre ellos están:
- Colombia
- Perú
- Polonia
- Filipinas
- Indonesia
En Estados Unidos no existe una prohibición nacional, pero 39 estados ya aplican restricciones o regulaciones sobre el uso de celulares en aulas.
Esto refleja una tendencia donde los cambios comienzan a nivel local antes de convertirse en políticas nacionales.
Redes sociales, principal preocupación
El impulso a estas medidas se relaciona con riesgos asociados al uso de redes sociales, especialmente entre adolescentes.
Datos citados indican que:
- Las niñas tienen el doble de probabilidad de sufrir trastornos alimenticios vinculados a redes
- 32% de adolescentes se sienten peor con su cuerpo tras usar Instagram
- Contenido sobre imagen corporal aparece cada 39 segundos en TikTok
Prohibir no es suficiente
La UNESCO advierte que restringir celulares ayuda a reducir distracciones, pero no resuelve el desafío digital.
Especialistas señalan que las escuelas también deben enseñar:
- Alfabetización digital
- Uso responsable de redes
- Pensamiento crítico
- Gestión del tiempo en pantalla
Actualmente, más de la mitad de los sistemas educativos del mundo ya aplican algún tipo de restricción, lo que confirma que el debate global ya no es si los celulares deben estar en las escuelas, sino cómo regularlos sin afectar el aprendizaje.