Por: Edgar López Soto*
Hay una forma equivocada de leer lo que está pasando en Guerrero con la definición de quién coordinará la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. Esa forma equivocada es reducirlo a una simple carrera de caballos: quién trae más encuestas, quién ha caminado más años el territorio de Morena, quién tiene más padrinos políticos. Si uno se queda solo en eso, se le escapa lo más importante de lo que ha ocurrido en las últimas semanas.
Karen Castrejón Trujillo no es, hoy, la que más puntos tiene. No es la que lleva más tiempo recorriendo las estructuras de Morena en el estado. No pertenece a ninguno de los grupos que tradicionalmente se disputan el poder en Guerrero. Y sin embargo, en apenas dos meses, ha logrado algo que ninguno de sus contrincantes puede presumir con la misma claridad: se ha ganado un lugar en la conversación por mérito propio, no por herencia de grupo.
Eso vale la pena explicarlo bien, porque en la política guerrerense se suele confundir el tiempo caminando con la capacidad de gobernar. No son lo mismo. Hay dirigentes que llevan años recorriendo comunidades y siguen repitiendo el mismo discurso, sin propuesta nueva, sin lectura fresca de los problemas. Y hay quien, en semanas, demuestra que entendió el fondo del asunto: qué le duele a la gente, qué le falta al estado y qué se puede hacer para resolverlo.
Desde que se sumó con fuerza a esta conversación, Castrejón no ha llegado con generalidades ni con discursos genéricos que sirven para cualquier estado del país. Ha entrado a hablar de lo específico: de la reconstrucción pendiente tras el paso del huracán Otis, de la seguridad en zonas como Acapulco y la Costa Chica, de las economías locales que sostienen a miles de familias, de la urgencia de que la resiliencia climática deje de ser un tema de discurso y se convierta en política pública concreta para un estado que ya pagó, y sigue pagando, el precio de la falta de prevención.
Esa no es una virtud menor. En un estado tan golpeado por fenómenos naturales, por la desigualdad y por el abandono histórico, la diferencia entre un dirigente y un simple aspirante está precisamente ahí: en si entiende el problema o solo lo menciona.
Hay algo más que distingue a Karen Castrejón, y que en el ambiente político se suele ver como debilidad, pero que en este momento específico puede ser justamente lo contrario: no está capturada por ningún grupo interno de Morena.
Eso significa que no llega a negociar posiciones para pagar favores acumulados durante años. Llega a proponer, a construir puentes, a ser el nombre que ninguna facción puede llamar completamente suyo y que, por lo mismo, puede terminar siendo aceptable para todas. En una coalición que necesita mostrarse unida rumbo a 2027, esa característica no es un obstáculo: es una ventaja estratégica que pocos están dimensionando todavía.
Además, su condición de dirigente nacional del Partido Verde Ecologista de México le da algo que ningún otro aspirante guerrerense tiene: una estructura propia, una relación distinta con la coalición a nivel nacional, y la experiencia de haber construido puentes políticos fuera de las fronteras de un solo partido. Eso no la hace ajena a Guerrero, la hace una interlocutora con más herramientas.
En la política mexicana sobra ambición y escasea capacidad. Lo que ha mostrado Karen Castrejón en estos dos meses es justamente lo segundo: capacidad para leer el momento político, para articular un mensaje que conecta con la gente —”Guerrero se defiende unido” no es una frase hueca, es una síntesis de lo que el estado necesita escuchar después de tanta fractura— y para colocarse, sin ser la favorita en el papel, como una opción real y seria.
Nadie construye legitimidad de la noche a la mañana. Pero cuando alguien demuestra, en poco tiempo, que entiende los problemas de un estado tan complejo como Guerrero, y que además tiene la capacidad política para articular alianzas sin deberle el cargo a nadie, vale la pena tomarla en serio. No por la posición que ocupa en una encuesta, sino por lo que ha demostrado saber hacer con el tiempo que ha tenido.
Al final, la política guerrerense necesita menos herencias y más capacidad. Y ahí, Karen Castrejón está poniendo su nombre sobre la mesa por las razones correctas y hace que por primera vez, la política se sienta más honesta que nunca.
*Edgar López Soto es egresado de la Universidad de Texas en Brownsville en Comunicación y Gobierno.