El hallazgo del esqueleto fosilizado de un neandertal llamado “Thorin” en las cuevas de Grotte Mandrin, en el valle del Ródano, Francia, ha revolucionado la comprensión de la evolución humana. Los restos, encontrados en capas de entre 40.000 y 45.000 años, pertenecen a un “neandertal tardío”, pero el análisis genético revela que su linaje es más antiguo, generando controversia entre arqueólogos y genetistas.

El ADN de Thorin muestra similitudes con neandertales de hace más de 100.000 años, lo que contradice las pruebas arqueológicas sobre su antigüedad. Investigaciones adicionales han revelado que Thorin formaba parte de una población genéticamente aislada, posiblemente migrada desde Gibraltar, que no logró adaptarse a los cambios climáticos y enfermedades, contribuyendo a su extinción.
Este descubrimiento plantea nuevas preguntas sobre la diversidad y el aislamiento de los neandertales, sugiriendo que estos factores jugaron un papel clave en su desaparición.