En un estado donde históricamente la relación entre poder político y sindicatos ha estado marcada por presiones, acuerdos en lo oscurito y prácticas heredadas del viejo corporativismo, la iniciativa presentada por la diputada local Citlali Calixto Jiménez representa algo más que una reforma legal: es una definición política. Poner límites claros a la injerencia de funcionarios en la vida interna de los sindicatos no es un gesto menor; es tocar uno de los nudos más sensibles del poder público en Guerrero.
La propuesta de Calixto parte de un diagnóstico realista: mientras exista la posibilidad de que autoridades condicionen beneficios, presionen dirigencias o metan mano en elecciones sindicales, la autonomía seguirá siendo un discurso vacío. Al elevar estas conductas a la categoría de faltas administrativas graves, la iniciativa no solo reconoce el problema, sino que introduce un elemento clave que antes faltaba: consecuencias. En materia laboral, pocas cosas pesan más que saber que el abuso tendrá un costo legal y político.
No es casual que esta iniciativa haya sido construida en una mesa técnica con la Sección 14 del SNTE. El magisterio guerrerense conoce de primera mano los efectos de la intromisión institucional en la vida sindical. Por eso, cuando su dirigente, Silvano Palacios Salgado, califica la propuesta como vanguardista, no lo hace desde la retórica, sino desde la experiencia. Blindar los procesos internos frente a amenazas, coacción, uso de programas sociales o recursos públicos es cerrar la puerta a prácticas que durante años se normalizaron.
En el fondo, lo que plantea Citlali Calixto es una redefinición del papel del Estado frente a los sindicatos del Apartado B constitucional: acompañar sin controlar, garantizar derechos sin someter voluntades. La armonización de leyes estatales con la reforma laboral federal no solo es una obligación jurídica, sino una oportunidad política para demostrar que en Guerrero se puede legislar a favor de los trabajadores sin cálculo electoral ni tutelajes disfrazados. En tiempos donde la democracia sindical sigue en construcción, esta iniciativa marca una ruta clara y necesaria.
En el Congreso local una diputada está por cambiar la historia sindical de Guerrero.
Por: Raúl Gatica