La salida de los pandas gigantes Xiao Xiao y Lei Lei del zoológico de Ueno, en Tokio, marcó un momento simbólico para Japón: por primera vez en 54 años el país se quedará sin pandas chinos. Detrás del gesto, analistas advierten un mensaje político de Pekín en medio del proceso electoral japonés.
China ha utilizado históricamente el préstamo de pandas como símbolo de buena voluntad diplomática. Sin embargo, esta vez dejó entrever que no enviará nuevos ejemplares, en respuesta a las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi, quien calificó un eventual bloqueo chino a Taiwán como una “amenaza existencial” para Japón.
Pese a la presión, la estrategia no parece haber surtido efecto. Encuestas recientes muestran que casi la mitad de la población respalda la postura de Takaichi y su aprobación supera el 70 por ciento. La mandataria incluso disolvió el Parlamento y convocó a elecciones anticipadas para el 8 de febrero.
Especialistas coinciden en que los boicots económicos y simbólicos de China, incluidos los pandas, han tenido un impacto político limitado y podrían obligar a Pekín a replantear su estrategia tras los comicios.