La isla de Puerto Rico vive una de las tragedias más impactantes de los últimos años: el brutal asesinato de Gabriela Nicole Pratts Rosario, una adolescente de 16 años que estaba a punto de cumplir 17 y comenzar su último año escolar. Lo que comenzó como una discusión entre jóvenes tras una fiesta en Aibonito terminó en un crimen de horror, donde madre e hija, según las investigaciones, habrían actuado juntas para quitarle la vida a la menor.
El caso ha estremecido a la opinión pública no solo por la saña del ataque —ocho puñaladas que acabaron con la vida de Gabriela—, sino también por los vínculos entre las agresoras y la víctima. Anthonieshka Avilés Cabrera, de 17 años, era amiga de la joven, y su madre, Elvia Cabrera Rivera, de 40, presuntamente participó en el ataque. Ambas fueron arrestadas y enfrentan cargos por asesinato en primer grado y violación a la Ley de Armas, con una fianza de un millón de dólares cada una.
El funeral de Gabriela reunió a cientos de personas que exigieron justicia y acompañaron a su familia en un dolor que trascendió las fronteras de Aibonito. La joven era recordada por su carácter amable, sus sueños de estudiar psicología y su amor por los animales. Su historia se viralizó en redes sociales como símbolo de la violencia que, cada vez más, toca a comunidades pequeñas y familias que nunca imaginaron un final así.
La secretaria de Justicia de Puerto Rico, Lourdes Gómez Torres, aseguró que existen pruebas contundentes contra las acusadas y que la investigación sigue abierta, sin descartar más arrestos. El caso plantea preguntas profundas sobre el origen de la violencia, los vínculos entre agresores y víctimas, y el papel de los adultos en delitos cometidos junto a menores.