Dejar de fumar va mucho más allá de la fuerza de voluntad. Especialistas advierten que la nicotina activa mecanismos biológicos y emocionales que refuerzan la dependencia y dificultan abandonar el cigarro, incluso cuando existe un fuerte deseo de hacerlo.
El doctor Robert Kirchoff, especialista en Medicina Interna y adicciones de la Mayo Clinic en Phoenix, explicó que la nicotina es altamente adictiva por su interacción directa con neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina. Estas sustancias generan sensaciones de placer y recompensa que el cerebro busca repetir de manera constante.
El problema, señaló el experto, no es únicamente la búsqueda de esa sensación placentera, sino evitar el malestar que aparece cuando no se consume nicotina. Ese conjunto de síntomas, conocido como síndrome de abstinencia, incluye irritabilidad, insomnio, inquietud, dificultad para concentrarse y una necesidad persistente de fumar, lo que empuja a muchas personas a recaer.
Kirchoff detalló que la dependencia es un proceso fisiológico, mientras que la adicción es un diagnóstico clínico que incluye tolerancia, abstinencia y consumo continuo pese a los daños. Además, existen factores genéticos que pueden aumentar o reducir el riesgo de desarrollar adicciones, así como una estrecha relación con trastornos como ansiedad, depresión o estrés postraumático, donde el tabaco suele funcionar como una forma de automedicación emocional.
El especialista explicó que uno de los principales detonantes de recaídas es el estrés, así como la asociación del cigarro con contextos sociales, como reuniones o consumo de alcohol. Por ello, dejar de fumar implica una reestructuración profunda del estilo de vida, el aprendizaje de nuevas habilidades para enfrentar el estrés y, en muchos casos, apoyo terapéutico profesional.
En cuanto a los tratamientos, indicó que la terapia de reemplazo de nicotina busca reducir gradualmente la abstinencia mediante parches, chicles, pastillas o inhaladores, adaptados a cada persona. Asimismo, estudios recientes exploran el uso de medicamentos agonistas de receptores GLP-1 como apoyo, con resultados preliminares que muestran menor ansiedad y mejores tasas de abandono.
Finalmente, Kirchoff subrayó que el mayor riesgo no es la nicotina en sí, sino los carcinógenos del tabaco. Aun así, destacó que los beneficios de dejar de fumar aparecen rápidamente, ya que el cuerpo comienza a regenerarse en las primeras semanas, mejorando la calidad de vida de forma notable.
Dejar el tabaco, concluyó, es un proceso complejo, pero posible con información, acompañamiento y estrategias adecuadas.