El regreso de BTS a los escenarios ha generado expectativa mundial, pero también volvió a poner atención en el funcionamiento interno de la industria del K-pop. Especialistas señalan que el modelo combina éxito global con condiciones exigentes para los artistas, desde entrenamientos intensivos hasta un fuerte control de las agencias.
Antes de debutar, miles de aspirantes pasan por audiciones y solo unos cuantos logran integrarse a grupos. Quienes lo consiguen enfrentan jornadas de hasta 15 horas diarias, con ensayos, clases de canto, baile y actividades promocionales. Además, muchos viven en dormitorios supervisados y con reglas sobre alimentación, imagen y vida personal.
Aunque Corea del Sur limitó los contratos a siete años tras disputas legales en la industria, las agencias siguen manteniendo control sobre la carrera de los artistas. A esto se suma la presión de algunos fans, que reaccionan ante rumores de relaciones sentimentales o decisiones personales.
El debate también incluye el impacto en la salud mental, el ciberacoso y la exposición constante en redes sociales, factores que expertos consideran estructurales dentro del modelo del K-pop.