El gran Miguel Bosé abrió esta noche un soberbio concierto en la Arena GNP, en Acapulco, ante un público que llegó cargado de nostalgia, alegría y amor por uno de los artistas más queridos en México.
El termómetro marcaba 24 grados centígrados, pero el ambiente se sentía como una noche de verano en el trópico: brisa suave, guitarras envolviendo el estadio y miles de voces listas para cantar. Desde el primer acorde, el público coreó, bailó y se dejó llevar por una velada que fue puro recuerdo y emoción.

Vestido completamente de blanco, Bosé se movió con elegancia sobre el escenario como Amante Bandido, cantando a una Amiga o quizá a Morena Mía, mientras el estadio respondía con una entrega total. Temas que marcaron generaciones sonaron con fuerza y precisión, demostrando que el tiempo no ha apagado su voz ni su presencia escénica.
Conmovido y a flor de piel, el intérprete de Don Diablo —adorado en México como pocos artistas extranjeros— se dirigió al público en este “templo del tenis y la música”, como llamó a la Arena GNP. Ahí recordó que “la música atrapa y se fija en la memoria, y esta noche vuelve a sonar”, prometiendo hacerlos sentir “más jóvenes y con mucho más pelo”, en un viaje musical para soltar emociones.
“¡Abróchense los cinturones!”, enfatizó, visiblemente agradecido con el exigente público de Acapulco, antes de llevarlos a la estratósfera en un concierto que quedará para el recuerdo. Una noche para atesorar, donde la música volvió a ser memoria viva y celebración compartida.
Reportero: Manuel Zamudio Castañeda
Reportero: Manuel Zamudio Castañeda