La elección de José María Balcázar como nuevo presidente del Congreso y, por sucesión constitucional, de la República de Perú, ocurre en medio de una profunda crisis política que arrastra el país desde 2016.
Aunque su encargo concluirá el 28 de julio, el contexto es complejo. Desde la salida de Ollanta Humala, ocho personas han ocupado la Presidencia. La inestabilidad se ha vuelto constante y el Congreso ha ganado poder frente al Ejecutivo.
El punto de quiebre comenzó tras la elección de Pedro Pablo Kuczynski. Su partido obtuvo solo 18 escaños, mientras que Fuerza Popular logró mayoría absoluta en el Parlamento. Desde entonces, las tensiones entre el Legislativo y el Ejecutivo se intensificaron.
Analistas señalan que se normalizó el uso de mecanismos como la vacancia presidencial y la censura de ministros. Incluso se registró el cierre del Congreso y un intento de autogolpe en 2022. La confrontación política debilitó la figura presidencial.
Especialistas advierten que los mandatarios carecen de respaldo legislativo sólido. Sin una bancada mayoritaria, el presidente depende del Congreso para gobernar. Esto ha provocado que el Poder Legislativo marque la agenda política.
La fragmentación partidaria también complica el panorama. Se espera que una nueva barrera electoral del 5 por ciento reduzca el número de bancadas y limite la dispersión política en próximas elecciones.
Mientras tanto, la ciudadanía enfrenta desencanto y desconfianza hacia la clase política. Las principales demandas se centran en seguridad y estabilidad económica.