Las butacas rojas se han convertido en un símbolo del cine, y su origen se remonta al siglo XIX, cuando los teatros de ópera utilizaban combinaciones de rojo y dorado para transmitir lujo, prestigio y poder. Con la llegada del cine en el siglo XX, muchas salas heredaron esta estética, e incluso algunos teatros se transformaron directamente en cines, manteniendo sus asientos originales.
Además del valor histórico, el color rojo tiene ventajas prácticas. Debido al Efecto Purkinje, este tono es el primero que desaparece de la percepción visual en la oscuridad, lo que facilita que la sala se vea más oscura cuando inicia la proyección. También ayuda a disimular manchas y desgaste, algo esencial en espacios con alto uso.
Aunque hoy existen cines con butacas azules, negras o blancas, el rojo sigue siendo el color que la mayoría imagina al pensar en una sala de proyección.
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