El color morado en CDMX genera rechazo entre habitantes por cambios visuales repetitivos en espacios públicos, según especialistas en psicología ambiental y diseño urbano.
En meses recientes, el gobierno capitalino extendió el uso del morado en puentes, bardas y mobiliario urbano. Sin embargo, especialistas señalan que el problema no es el tono, sino la saturación visual y la sensación de imposición en la ciudad.
El psicólogo ambiental Harold Proshansky explicó que las personas construyen identidad mediante los espacios que habitan. Por eso, cambios urbanos abruptos pueden romper “mapas emocionales” ligados a calles, colores y paisajes cotidianos.
Además, investigaciones sobre percepción cromática advierten que el exceso de tonos violetas puede generar cansancio visual y sensación de distancia. La Universidad Anáhuac indicó que las paletas urbanas deben mantener equilibrio para evitar “fatiga sensorial” en ciudades con alta exposición solar.
Especialistas también relacionan el rechazo con la reactancia psicológica, teoría desarrollada por Jack Brehm. Esta reacción aparece cuando las personas sienten que pierden libertad sobre su entorno o decisiones visuales en espacios públicos.
Para millones de habitantes, el debate refleja cómo los cambios urbanos impactan el bienestar diario, la identidad barrial y la percepción de pertenencia dentro de una ciudad cada vez más saturada visualmente.