La legionelosis, también conocida como enfermedad del legionario, volvió a llamar la atención tras el registro de 108 casos confirmados, cinco fallecimientos y 14 personas hospitalizadas en Nueva York, Estados Unidos. Aunque en México no se han confirmado casos, las autoridades sanitarias mantienen la recomendación de conocer sus síntomas y formas de prevención.
La enfermedad es causada por la bacteria Legionella, que puede multiplicarse en sistemas de almacenamiento y distribución de agua, especialmente cuando no reciben el mantenimiento adecuado. A diferencia de la gripe o el COVID-19, la legionelosis no se transmite de persona a persona.
El contagio ocurre al inhalar pequeñas gotas de agua contaminada, que pueden provenir de duchas, jacuzzis, torres de enfriamiento, sistemas de aire acondicionado en grandes edificios o fuentes de agua. Una vez en el organismo, la bacteria puede provocar una infección pulmonar grave.
Los primeros síntomas suelen parecerse a los de una gripe e incluyen fiebre alta, escalofríos, tos seca, dolor de cabeza y dolores musculares. En algunos casos, la enfermedad evoluciona hacia una neumonía, por lo que es importante buscar atención médica si los síntomas empeoran.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, el riesgo de desarrollar la enfermedad es mayor en personas mayores de 50 años, fumadores, pacientes con enfermedades pulmonares crónicas o quienes tienen un sistema inmunológico debilitado.
La legionelosis fue identificada por primera vez en 1976, tras un brote ocurrido durante una reunión de veteranos de guerra en un hotel de Filadelfia, Estados Unidos, donde más de 220 personas enfermaron y 34 fallecieron.
Las autoridades señalan que los brotes son poco frecuentes y que la mejor forma de prevenir la enfermedad es dar mantenimiento adecuado a los sistemas de agua y climatización para evitar la proliferación de la bacteria.
Foto de Andrea Piacquadio