La inteligencia artificial comienza a transformar las aulas universitarias con avatares digitales capaces de simular conversaciones con estudiantes y ayudarles a practicar situaciones reales de negocios. Harvard Business School y el Imperial College de Londres ya utilizan réplicas virtuales de sus docentes, aunque todavía existen dudas sobre su eficacia, sus límites y la protección de la identidad de los profesores.
Desde abril de 2026, Harvard ofrece HBS Foundry, un programa en línea de ocho semanas que cuesta 699 dólares. La plataforma utiliza avatares de siete profesores, desarrollados con tecnología de la empresa HeyGen, para que emprendedores practiquen presentaciones ante inversionistas, llamadas de venta y reuniones directivas.
Según el reporte de El País, el programa ha sido probado en más de 100 universidades. Sus responsables señalan que las encuestas muestran que algunos participantes se sienten más preparados para reuniones de negocios. Sin embargo, Harvard reconoce que aún no cuenta con estudios de largo plazo que demuestren que este método mejora el aprendizaje.
En el Imperial College, el profesor David Shrier utiliza desde 2024 una réplica digital alimentada con sus escritos y materiales académicos. Su experiencia muestra cómo estos sistemas pueden ampliar la atención a los alumnos, incluso fuera del horario de clase.
Pero la tecnología también plantea riesgos. Los avatares pueden generar respuestas incorrectas, atribuir ideas no autorizadas a sus creadores o utilizar la imagen y la voz de los docentes sin controles suficientes. Especialistas citados por El País advierten que los estudiantes podrían confiar en información equivocada al creer que proviene directamente de un profesor.
El debate también incluye la propiedad intelectual, el consentimiento de los académicos y la responsabilidad de las universidades cuando una réplica digital ofrece datos falsos o desactualizados.
La expansión de los profesores virtuales abre nuevas posibilidades para la educación, pero su adopción plantea una pregunta central: cómo aprovechar la inteligencia artificial sin sustituir la supervisión académica ni comprometer la confianza entre docentes y estudiantes.