El ruido alrededor es ensordecedor. Apenas y se pueden escuchar las voces de los fontaneros que trabajan en los drenajes de la ciudad. Descienden a un infierno de 40 grados celcius, con poco oxígeno y aire pestilente y tóxico, que permea en ese colector infrahumano de calle 5 de Mayo de Acapulco. Las aguas negras les llegan hasta el cuello y nada detiene a estos súper obreros para tender una nueva línea de tubería del drenaje del Centro Histórico del puerto.
Ellos, estos héroes anónimos, hacen el trabajo extremo que otros no quieren hacer.
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