Karen Castrejón, es la respuesta

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Voy a decir algo que quizás no suene muy “analítico”, pero que para mi generación es determinante: hay políticos que se sienten lejanos, ensayados, casi actuados. Y hay otros que, aunque no los conozcas personalmente, transmiten algo distinto cuando hablan o cuando interactúan con la gent

Tengo 18 años y, como casi todos mis amigos de la prepa, ya me hice la pregunta que le hacemos aquí a cualquier persona que se va a estudiar fuera: “¿y tú cuándo te vas?”. Porque la verdad es que en Guerrero irse no es una opción, casi es un destino. Nos falta oferta educativa de nivel, nos faltan carreras con futuro, nos falta que alguien nos demuestre que quedarnos no significa quedarnos estancados. Por eso, cuando escucho hablar de política, lo primero que reviso no son las siglas ni los discursos, sino si a alguien realmente le importa lo que nos está pasando a los jóvenes.

Y en eso, el nombre de Karen Castrejón Trujillo me llamó la atención por una razón muy sencilla: sus sueños como el mío comenzaron en la universidad.

De estudiante militante a dirigente nacional

No es lo mismo escuchar a alguien hablar de la juventud desde un templete, que escuchar a alguien que puede decir, con hechos, que su camino en la política empezó exactamente donde empieza el nuestro: en las aulas, siendo estudiante, organizándose, participando. Karen inició su militancia desde la universidad, y ese dato, que parece pequeño, en realidad dice mucho. Significa que no está viendo los problemas de los jóvenes desde afuera, sino que los vivió primero desde adentro.

Eso cambia la forma en que uno le cree a una persona. No es lo mismo prometer que vas a entender a la juventud, que haber sido parte de ella cuando empezaste a construir tu carrera política.

Otra cosa que se nota, y que en mi generación pesa muchísimo, es en qué temas decide poner su energía una persona cuando nadie la está viendo. Castrejón ha sostenido una agenda constante en temas ambientales, en protección animal y en el cuidado de las personas adultas mayores. Son causas que, seamos honestas, no siempre dan aplausos fáciles ni portadas, pero que sí conectan directamente con lo que a los jóvenes de hoy nos importa: el planeta que vamos a heredar, el respeto hacia los seres que no tienen voz, y la manera en que tratamos a quienes nos dieron todo antes que nosotros.

Para muchas y muchos de mi generación, la política ambiental ya no es un tema aparte, es un filtro con el que medimos a cualquier candidato o candidata. Y ahí, Karen no llega a improvisar el discurso verde porque esté de moda: literalmente encabeza un partido construido históricamente sobre esa causa.

Voy a decir algo que quizás no suene muy “analítico”, pero que para mi generación es determinante: hay políticos que se sienten lejanos, ensayados, casi actuados. Y hay otros que, aunque no los conozcas personalmente, transmiten algo distinto cuando hablan o cuando interactúan con la gente. Karen entra en ese segundo grupo. Se percibe cercana, se percibe honesta en la forma en que se dirige a las personas, sin ese tono impostado que tanto detectamos los jóvenes, que crecimos rodeados de discursos vacíos y aprendimos, quizás por necesidad, a distinguir cuándo algo es genuino.

No quiero que esta opinión suene a que ya tengo la respuesta de por quién se debe decidir Guerrero. No es mi lugar, y honestamente todavía estoy formando mis propias ideas políticas. Pero sí quiero dejar claro qué es lo que mi generación necesita ver para creer: alguien que haya empezado desde donde nosotros estamos, que le importen las causas que nos importan a nosotros, y que se comporte con la gente de una manera que se sienta real.

Si Guerrero quiere dejar de perder jóvenes cada año, necesita que la política deje de sentirse ajena a nosotros. Y en ese sentido, aunque falte mucho camino por recorrer, hay algo valioso en encontrar, dentro de la conversación política actual, a alguien que empezó exactamente donde muchos de nosotros estamos parados hoy: en un salón de clases, con ganas de cambiar algo.

Por: Arelena Gatica Salas.

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